-Vamos a intentar hacer un Delphos de emergencia, ¿sabe de qué le hablo?
-¿Un Delphos de Fortuny?-inquirió incrédula.
-Un falso Delphos.
-¿Piensa que va a ser posible?
Nos sostuvimos un instante la mirada. La suya reflejaba un golpe de ilusión de pronto recuperada. La mía no lo supe. Tal vez determinación y arrojo, ganas de triunfar, de salir con éxito de aquel trance. Probablemente también hubiera en el fondo de mis ojos cierto terror al fracaso, pero intenté que se intuyera lo menos posible(...)
Con estas palabras comienza la descripción del proceso de creación de un falso Delphos en El tiempo entre costuras, libro de María Dueñas. Su modo de describir la elaboración del diseño me atrapó desde el primer minuto, y sentí una imperiosa necesidad de buscar más sobre este vestido. Por supuesto, os recomiendo este libro.
El vestido Delphos fue creado por el diseñador Mariano Fortuny y Madrazo (Granada, 1871-Venecia, 1949) alrededor de 1907, después de un viaje por Grecia con la que luego sería su esposa Henriette Nigrin. Fortuny fue un artista cosmopolita autor de una amplia y polifacética producción.
Este vestido-túnica encuentra su inspiración en el chitón jónico (un tipo de vestimenta griega), y se confecciona a partir de cuatro paños de tela unidos entre sí por pequeños cristales de Murano hechos especialmente para cada modelo. Suele ir acompañado de un cinturón en seda o raso. Lo más característico es el plisado. En 1909 presentaría la patente que, como es lógico, da la mínima información sobre el sistema, reseñando únicamente que la manera de conseguir el plisado era apretando y retorciendo fuertemente entre las manos bandas de tela mojada hasta conseguir arrugarla en el sentido del largo de la misma para acabar realizando las ondulaciones horizontales.
No hay dos Delphos iguales, varían en largo, manga y sobre todo, en color. El propio Fortuny se encargaba de elegir los tintes y teñir las telas; la gama cromática era deslumbrante: azules índigos, verdes esmeraldas, rojos cochinilla, naranjas, rosas, blancos marfileños, violetas... Todos ellos naturales, bien de origen mineral u orgánico, fueron elaborados mediante fórmulas secretas extraídas de antiguos manuales y tratados sobre el arte de la tintorería, así como de viejas recetas que le fueron confiadas por ancianos artesanos de la región del Véneto.
Es todo un referente en la historia de la moda. El Delphos supuso una liberación para el cuerpo de la mujer en el primer tercio del siglo XX; con él se decía adiós a los vestidos encorsetados y a las innumerables capas de tejidos. La túnica tiene por fin adaptarse al cuerpo y marcar las formas, está hecho para llevarse sin ropa interior.
Este vestido ha sido lucido por mujeres de la talla de la bailarina americana Isadora Duncan o Peggy Guggenheim, pero sobre todo fueron sus amigos escritores, Proust y D’Annunzio quienes, al ensalzar poéticamente estos vestidos en sus obras, los convirtieron en objetos de culto entre los intelectuales del momento. Este diseño inmortal no ha dejado nunca de ser actual.

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